viernes, 10 de octubre de 2008

Observe usted


Que nadie sugiera que el tiempo no es ecléctico
Que nadie sugiera que un libro ya se escribió
Que nadie sugiera que su busto es el mismo que ayer.

¡Mientras tanto él sigue mis pasos
hacia los confines que se agotan!

Aquél equivoca el destino,
a la par que confundido digiere un falta envido.
Ellos suponen que ayer
los atormentaba el mismo capricho que hoy.
Nosotros debatimos que es imposible cumplir con todos.

Tú aquí yo allá, sentados y de la mano,
mientras una veleta decide su destino,
yo le guiño el ojo al chico que corre.

Declaración de humildad


Seamos sinceros, no es extraño que estés loca por mí,
si cuando me peino, mi jopo es perfecto,
si después de bañarme, mi perfume es el indicado,
si ante el llamado de la naturaleza, enciendo el extractor.

Sublime será el día que las foto multas incluyan mi cara,
sublime será el día en que McDonal´s cambie a Ronald
por mi sonrisa y nariz de payaso.

Como me cuesta pescarte, si cada paso es un esfuerzo tremendo.
Como me cuesta tomarte si cada crema es una fortuna.
Como me cuesta verte si los Ray-ban que tengo son truchos.

Dichoso será el día en que me quede pelado
Siniestra será tu noche cuando me encuentre tumbado
Magistrales mis movimientos cuando bailando muestre mi pansa
Fortuitas las tardes que al trote te persiga como queriendo alcanzarte.

Así, después de todo, palillo en boca,
mano en el bolsillo derecho,
veo caerte en la vereda porque te puse la traba.


  • Agradecemos la participación del poeta Bobby Flores.

jueves, 9 de octubre de 2008

Atasco:


No existe la Ciudad de los Césares,
Simplemente la fundaron,
Así, como Echeverría creyó ver la estrella polar
Surcando nuestra tierra Argentina,
Y Sarmiento describió la Pampa y sus habitantes,
Sin jamás haberla pisado alguna ves.
Así, como bajo un sol acéfalo,
Lunas antiguas vinieron en barco hacia el Rio de la Plata.

No es raro que estemos confundidos,
Solo que nos dieron armas erroneas,
Nos dieron el pico cuando precisábamos la pala,
Nos dieron la masa cuando precisábamos libros.

Maru confunde el día que la engendraron,
en un equinoccio de septiembre
con la fecha de su nacimiento,
Se equivoca.
Ezequiel lee un libro obligado,
Cuando en realidad quiere conocer la belleza,
Se agobia.

Yo fatigo los pasillos entre los que me conocen,
Los que me conocieron
Y los caminos que me han forjado.

Dale gracias al primer poeta que conociste,
Aquel que te tomó entre sus manos,
Cuando por temor llorabas aflijido.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Diálogo entre Ricardo Piglia y Ezequiel Martínez Estrada:


E.M.E:- Sabe don Ricardo que la poseción de la tierra le daba títulos que iban anejos. La tierra era un inmenso feudo, un dominio que implicaba nobleza. Por eso hoy todavía nuestro terrateniente es el noble en el orden de nuestro capitalismo bárbaro.
R.P:- Si mi querido Estrada, han retornado viejos fantasmas. Como sabemos, la hipótesis central de Sarmiento...
E.M.E:- ¡Pucha como se lo extraña, tanto como la veces que me arrepiento!
R.P:- ¡No me lo diga! Pero como le decía, su hipótesis central es que la barbarie es el resultado de lo que él llama la ruralización de las bases del poder. Ese paso del poder al campo es, en el Facundo, el origen de las desventuras argentinas. A Sarmiento no le gustaban las sociedades rurales.
E.M.E:- Y fijesé Ricardito que la extensión no es grandeza; es la idea de la grandeza. No es riqueza; es la posibilidad del crédito hipotecario. No es nada. Se valorizó porque era un ideal y por eso ha llegado al precio imaginativo de la hectárea en Trapalanda...
R.P:- Trapalanda, ¡no me haga temblar!
E.M.E:- Ser poderoso por la posesión de la tierra, adquirirla, es un residuo de la furia del invasor, residuo a su vez del Medioevo. El título de propiedad representa un documento de la propia capacidad de mandar. Quien la posee es señor, no por el dinero que importa y sí por ese título que es una baronía, un condado, en la forma que toman la ambición y el encono.
R.P:- ¡Epa!
E.M.E:- Desde antiguo fue el militar quien la poseyó, y sirvió para premiar los actos de heroísmo, los triunfos de las armas. Es algo así como dominar una parte del globo y al mismo tiempo vengarse de la miseria personal; ¡es meterse en el Océano Pacífico hasta la cintura y proclamar su posesión en nombre de los reyes!.
R.P:- Bueno don Estrada, no se altere que sus enojos y palabras sólo le van a servir para que con su nombre titulen una calle.

Aclaración de quien transcribe: Cualquier semejanza con la realidad, no sólo es una mera cohincidencia sino además imposible. Claro, la posibilidad que charlen Piglia y Estrada.



Reflexión:








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¿Problema fonético o jitanjáfora?