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No hay pasos que nos salven del decoro de las cosas bien hechas.
Puede figurarse olvidado
quien se presenta ausente.
Todos nosotros damos existencia a tu intelecto,
vos la permanencia a muchos otros.
Odiarte es otra parte natural de verte presente.
El claro-oscuro marcado,
la insistencia constante
de haberte olvidado.
Allanar la muerte en tu camino
es el empeño de verte vivo.
La tesitura es mi temor de no poder
ser el puente posible entre tu virtud
y la decadencia propia de todo aquel
que lucha por estar presente
en tu pupila ajena.
El conocimiento que uno adquiere con los años no es casual ni mucho menos su asimilación. Adaptarce al medio nos cuesta una parte de nuestra personalidad, si es que ésta existe en tanto que característica identitaria.
Toda la suma de los errores, el fruto de ellos, la ayuda, el dinero, la lectura; armas de nuestro posible discurrir metódico y con idea futura de placer (Aguinis matate).
Sopesar los cambios que se van sumando no es moco de pavo, dilucidarlos a muchos le lleva la vida; solo hay una premisa clara: nada es abarcable, nunca podrás circular con solvencia sin el remordimiento de tratar comprender y avanzar. Pocas veces un sentimiento es absoluto, salvo la inercia de despejarlos. Cuando algo se te presenta posible, digno de conocerlo y disfrutarlo, es allí donde hay que ondar, y no por uno sino por la sumatoria de seres que nos secundan.
Desprenderse de lo que uno cree seguro es la rutilante manera de comprender cuál es tu naturaleza.