lunes, 20 de julio de 2009

Personas que han pisado nuestra patria

Manolo Ciudad Blanco nació en Catalunia y así cometió el primer gran error de su vida: no ser hijo de compadritos. Sucede que esto pasó hace más de 80 años, donde el asado era asado y no achuras grasientas, donde el hombre usaba taco y pelo largo y bailaba unos tangos mientras esperaba a su franela de turno, donde el guapo se llamaba Argentino y no Ciudad (que ni siquiera llega a provincia, bromeaba un capataz amigo). Vaya a saber uno por qué fue a parar a Villa Lynch, allá por finales del cincuenta, al igual que cientos de miles más. En su puta vida tocó un libro, pero supo lagrimear al recordar que cuando mudó a su primer casa un 26 de julio, llovió sin parar tres días seguidos, justo cuando moría Evita.
Quedó en su anecdotario principal los más de cuarenta años que trabajó en la fábrica de Piccardo, al igual que sus compañeros y los cigarrillos largos, que resultan ser los mismos que los cortos pero con la diferencia que se los rellena con porquerías. Fueron más de cuarenta años porque entro de menor, a diferencia del argentino que previamente debía hacer el servicio militar obligatorio.
Casarse se casó con una gallega, vajita igual que él, quien supo parir, como su primer gran logro en nuestra tierra, un hijo digno de la patria de San Martín, hoy un Municipal de trayectoria.
Queda para el montón que siempre trabajaba una hora extra más que los demás, que cerró la boca y nunca habló mal de ningún compañero (se lo criticó por no jugársela nunca), que las comidas siempre eran buenas, no importaba si faltaba el vino al mediodía; para algunos era un pan de dios.
Murió hace algunos años, no recuerdo y creo que nunca supe bajo qué circunstancias. Aún hay quien lo rememora porque formó parte de su propia anécdota de vida, y es gracias a éste que recuerdo y conozco la vida poco particular y ajetreada de este español, el cual era llamado por el que me la contó con el diminutivo de Manolito.

miércoles, 1 de julio de 2009

ARTE TECNO-POP