martes, 27 de julio de 2010

Objeción II

Hay una premisa clara: lo maravilloso del destino es no conocerlo. Sea cual fuere, bueno, malo, soportable. Hay que tener en cuenta que antes de saber de él, mejor es asesinar a Damocles.
Con destinos no hay nada librado al azar (disculpame Jorge Luis, a pesar de su ironía), no existe el desconocimiento, no existe la duda. La peresa, la ignorancia gustosa, la maldad son justificables; todo está en nosotros y se desembuelve. La mano que escribe está planeada, frenar y apartarse de la hoja es estúpido.
Retumba en mi mente la idea de una personalidad dévil, la idea de un control más estricto, una metodología para abreviar etapas permitiendo el gran salto de otro. No lo sé, pero es dichoso sentir que formular un pensamiento anexo o paralelo puede ser inesperado. Ahora, con el destino muchos sentimientos son absurdos, para que sufrir si al fin y al cabo es mi apunte.
Quizás a lo mejor lo ignoro, pero pocas veces estuve tan cómodo de sentir todo lo que se me puede ir al carajo de mis propias manos.

Al primer vecino



¡Mierda que fuiste guapo!
Yo no lo hubiese logrado.
Piñas he repartido a lo loco,
También recibí, claro.
Pero enfrentar, esquivar y ganar por puntos,
Vos solo.

Se me torna difícil discernir tu triunfo,
Ya lo lúdico muchas veces me supera.
¿Y si en realidad fue obra de otro?
Dificulto.
Al compadrito se le ha hecho complicado comprenderte.

Dudar es obra de todos los días,
Razonar puede ser eterno.
Desear que otro triunfe con tu sangre es de macho,
Y bien puto fuiste al mostrar tu nuca,
Pero la mesa siempre estuvo bien puesta.

Deseoso está aquel de pecho ancho de tener tu pisada,
no hay vereda angosta que no soporte tu calzado.
A diferencia de la vida la muerte es eterna.
Pocas cosas hay en mi mente:
Tres banderas, un techo, tu herramienta,
Y el sustento latente de una obra bien hecha.

jueves, 15 de julio de 2010

Objeción

La muerte propiamente dicha no existe. No existe ni física, ni sensorialmente, ni es constatable por algún medio. Como fenómeno es inexistente, nunca se establece en el hombre, porque el humano es un ser vivo hasta que deja de serlo. La muerte no es una enfermedad, no es un síntoma que se guarece en nuestro cuerpo provocando el cesamiento. El cuerpo como tal se corrompe en tanto que materia, sucediendo finalmente el detenimiento del pulso vital.
No se presenta el proceso de muerte en
ningún momento, el paso de la vida al carecimiento de ella es un instante que no es físicamente detectable porque no transcurre temporalmente.
Se está vivo o se está muerto, pero la muerte nunca se presenta ante
nosotros. No es un fenómeno natural, no es un proceso, por lo tanto mucho menos es un mal.
Temerle a la
muerte es baladí, es temerle a la nada, y de la nada, nada proviene.
El cuerpo humano vivo, desde su nacimiento, es
potencialmente cadáver, carroña. La muerte no se registra, se es.