
"...Y la mujer que sabe el devenir, porque ve; mirando con el ojo del Sur, el ojo que mira al "Magma"..."
La bengala perdida. Luis Alberto Spinetta
Rara fascinación la de ver agitarse con locura, el tropel de esos
magnánimos ojos, aquellos que a todos nos tiene atolondrados.
Por esto es que le doy la bienvenida a mi batalla querido lector,
deje que sus compañeros se vallan por las ramas,
le propongo vislumbrar cómo fue que
conocí lo que realmente le interesa a éste narrador.
No fue en una noche de verano, ni en una cálida galería de invierno.
Siempre estuvieron a mi lado para cuando los necesitara.
Mientras tanto yo, asorado ante el advenimiento de los días.
Había escuchado hablar de esas melodías imperfectas,
pero como todo aquel que toca de oído, no puedo mentirle,
era un estúpido.
Sería imposible explicarle a usted, la situación que me
encontró en la cama maldiciendo y asombrado ante el
avance que uno lograba. Igual en dicha cuestión irremediable
ya estaba perdido en el sendero de esas curvas intransitables.
Supóngase que le diga que da igual una noche estrellada que
la mañana junto a un difunto; sería extraño.
Es por esto que ansío verlo maravillado ante la ignorancia, es lo único
puro que tenemos antes de poder disfrutarla, cual vino añejo.
Diurno, nocturno, es lo mismo ante la idea, que imperecedera, yace en nosotros.
Quién podría afirmar que se encuentra exento de algo tan profundo,
si todos lamentamos su ausencia.
Es por ésto que pretendo darle las gracias, a ellos, nuestros luceros semblantes,
la puerta hacia un pasillo eterno, la puerta que cuando cierra,
espuria se vuelve la vida.
Extraño y notable es, si no le digo que desde ese día, a cada momento vuelvo a ellos,
cada mañana, en cada colectivo, cada fiesta, en cada pollera, en mis pies,
en una sábana. Despierto pretendo creer que en algún instante los encuentro, da igual donde,
y sujeto a la influencia del día, los tomo y los envuelvo, doy toda mi memoria
para que el minuto vago que eterno se repite, retorne a mi
como señuelo cíclico, que pescante añora esos ojos fijos en los mios.
No se ahogue querido lector, sólo le informo que este texto no es mio,
es nuestro. Réstele importancia a esos superfluos dichos, saque la guitarra de su
polvorosa boca, y cante conmigo, cual contrapunto de viejo gaucho, una bella
melodía que nos salve de la tristeza, de no poder sentir lo que uno ama,
bailando a las puertas de nuestras ventanas.